lunes, 29 de agosto de 2016

En defensa de cormoranes y consciencias, conciencias


Y tan felices están ellos, mis adorados, pacíficos, elegantes y sociables cormoranes, en sus rocas de todo el año. Pero este verano me duele verlos como náufragos asediados rodeados de tiburones; los depredadores humanos. Esta fotografía es de la semana pasada, varios bañistas los rodearon y se subieron a la roca hasta asustarlos y hacerlos volar, quedándose ellos en la roca como náufragos fotografiados por sus esposas desde la orilla, como héroes de la mar. Luego sus hijos se dedicaron a tirarles piedras desde la orilla, a ver a cuántos pájaros daban, (decían) y lograron echarlos...


He visto esta escena varios días, los pocos minutos que voy a la playa para bañarme un momento intentando respirar la paz de todo el año, con esa complicidad que tengo con mis cormoranes, tan felices siempre en su habitat, sus rocas, tan suyas como mías. Jamás los molesto, me baño con ellos, los respeto y sonrío siempre, los saludo, les pregunto cómo están, el día tan bonito que hace, o la buena o mala mar. Esta fotografía es de hoy, lunes 29 de agosto 2016, la mar estaba un poco revuelta, una docena de cormoranes en su roca preferida, y un par más en otra roca más alejada.


Y aparece de nuevo un machito humano, rondando, rondando, hasta subir a la roca asustando a los cormoranes, tirándoles agua con un plástico... Esos plásticos en forma de disco que lanzan al agua para ver quién llega más lejos... Los cormoranes han ido saltando al agua, otros han salido volando alejándose a la otra roca...


Hasta que el machito humano depredador ha conseguido expulsarlos a todos... Casi lloraba de impotencia y rabia. La semana pasada llamé la atención a los niños que les lanzaban piedras, pensando que aún están, estamos, a tiempo de educarlos. Pero a los machitos padres ¿cómo los educamos? Ese patético machito humano se ha quedado solo en la roca mirando a la playa por si alguien lo admiraba... Y se ha lanzado al agua, sin que nadie lo fotografiara. Miserias humanas...



Contemplaba la escena, de nuevo, como otros días, esta vez haciendo fotos con la pequeña cámara, con ganas de gritar y denunciar, sabiendo que no conseguiría nada, intentando llegar con el pensamiento a los cormoranes, diciéndoles telepáticamente; No os preocupéis, quedan pocos días de las visitas y asaltos de estos insconcientes humanos. Ya veis lo afortunados que sois, pudiendo elegir isla, tranquilos todo el año, buena mar, buen Sol, buena pesca... y buena compañía, vosotros para mí y yo para vosotros, que os adoro, y sé que estáis en vuestro habitat. Pronto volverá la paz. Estos inconscientes humanos creen que lanzándoos piedras liberan sus conciencias...

Algunos humanos son así de inconscientes, como decía Krishnamurti, acumulamos tantas heridas que si no somos conscientes de ello nuestras acciones se convierten en rencores de esas heridas. Si hay comunión entre el observador y el observado todo fluye en armonía, nace la conciencia, la sabiduría. Si no tenemos consciencia de nuestra ira lanzamos piedras contra lo observado sin ser conscientes de que somos la ira de lo observado y el observador. Unos dicen que la humanidad siempre ha sido así, que ni religiones ni filosofías han servido para aplacar las iras. ¿Hay remedio para el ser humano?

Quizá yo misma lanzo mis iras a los machitos inconscientes humanos, por callar otras iras me acojo y defiendo a la naturaleza como a mí misma, recordando las palabras que decía mi padre: Todos los problemas de los seres humanos son por inconsciencia.  Y como dice el escritor, poeta y filósofo Álvaro Pombo: Los animales son conciencias.

Si así es, ¿qué clase de animales somos?  ¿Servirá de algo escribir en defensa de los cormoranes como conciencia y consciencia? ¿Servirá para que dejemos de lanzar piedras?
Conciencia, consciencias...




© EVA HUARTE 2016
Texto y fotos

lunes, 7 de marzo de 2016

El 7, mágico, el 9, inocencia


Sólo por esto, por ser día siete y emocionarme al ver las primeras luces de este amanecer 7 de marzo, a las 7'09h., porque me gustan los números, me gusta el lunes por ser el día de la Luna, la que quería haber fotografiado ahora en su dos últimos días menguantes, cuando aparece como un aro finísimo de oro y platino. Sólo por esto decido publicar unas fotos, como un día más, unas fotos más, aunque una gran nube haya tapado ese fino aro de la Luna menguante y no haya podido fotografiarla.


Y porque es marzo, mes temible, mes de terrible aniversario, del adiós de un ser amado, del ser que me amaba, y aunque no quiera vuelve su presencia viva acercándose el aniversario, el terrible día, 30 de marzo. Y por no dar tristezas no quiero decir ni publicar nada, aunque sean fotografías bonitas. Pero tampoco quiero seguir cerrada. Una amiga seguidora de este blog, comentó en el último post del 27 de enero; No creo que puedas abandonarnos, hay una atadura que es difícil de romper. Yo te espero porque creo que este blog te ayuda a ser más feliz y mejor. Y es verdad, escribo por escribir, más allá de la necesidad visceral, emocional, intelectual, porque me da vida, y creo que doy vida, por salir de la tristeza y monotonía, del mundo físico que no entiendo ni pretendo ya que me entienda. Escribo, pero no publico, y me entristece publicar tonterías lejos de los escritos que guardo en mi cofre de secretos... secretos vivos, que saldrán cuando quieran.


Hoy, al ver las luces y el Sol casi tapado por los árboles, apareciendo cada día más hacia el Noreste, pienso que pronto ya no lo veré aparecer en sus primeros minutos, en sus primeros colores, y pienso que quizá vale la pena poner los últimos amaneceres que veo desde mi ventana y terraza, sabiendo que no volveré a verlo sobre el horizonte hasta pasado el próximo equinocio, el otoño, que queda lejos, entrando ahora lentamente al equinocio de la primavera.


Y todo me recuerda, la felicidad de la llegada de la primavera desde hace tres años se ha convertido en tristeza. Por esto no quiero escribir, porque no quiero escribir tristeza, bastante triste y absurdo vemos y vivimos el mundo en actos patéticos que llaman política, palabras soeces que llaman cultura. Y todo se mezcla, como en un gran circo desordenado hasta llegar quizá al límite para borrarlo todo y volver a empezar. Quizá son épocas, días, quizá vuelvan días alegres, quizá nos siga sorprendiendo y manteniendo la belleza, la del amanecer, mediodía, atardecer, anochecer, Luna y estrellas... Ese gran y pequeño mundo creado por sí mismo y que tengo el placer de contemplar, ese gran y pequeño mundo que tengo grabado en mi subconsciente, en la mirada y en cada célula. Y tal como lo recibo lo doy y transcribo o intento transcribirlo.


Esos días de final de invierno y principio de primavera, esos días en que el Sol aparece más hacia la izquierda, esos árboles que tapan las primeras luces pero perfilan su entorno. Y esas gaviotas casi silenciosas y tímidas, recién nacidas y blancas como la inocencia. La vida es amor, lo sabemos, aunque a veces nos cueste aceptarlo o recordarlo, y el amor es inocencia. Así intento escribir y transcribir, sin decir nada, de pura inocencia, como un azar, como abrir cada día una página de un libro, como volver a publicar unas fotos y un texto, sólo por ser lunes siete, el 7, número mágico, como el nueve, número virginal, número de la inocencia, número que no cuenta. Si sumas el 7 al 9 el dígito sigue siendo el 7. La magia, la inocencia, el azar, sin mirar más allá.



© EVA HUARTE 2016 texto y fotos



miércoles, 27 de enero de 2016

De rosa y oro


Sólo quiero publicar estas fotos de este amanecer del miércoles 27 de enero de 2016 para dejarlas como página final de este blog y descansar un tiempo, quizá para siempre, hace días, semanas, meses, que lo estoy pensando, y por no decir lo que me duele hace tiempo, por no alterar más la situación social tan difícil, la confusión que llevamos, he preferido hablar del tiempo poniendo imágenes de la belleza que la naturaleza nos regala.


Así ha sido la bonita salida del Sol de hoy, primero desde mi ventana


y después desde la terraza donde se amplía el horizonte cielo y mar


y el Sol parecía un planeta reflejando su propia luz, rosa, oro, naranja...


gaviotas y palomas... como tantos amaneceres, como tantas fotografías que he publicado.


Quizá sea un largo adiós, quizá un pequeño adiós, ni yo lo sé. Sólo sé que no puedo seguir dando belleza y amor donde no encuentro belleza y amor. Sólo sé que no puedo seguir esforzándome por dar belleza y alegría cuando el Alma está tan dolorida... desde hace tanto tiempo... desde otro largo adiós... y uno más... más... Y no puedo más.


Quizá, por supervivencia, por locura o razón, arranque de mis entrañas lo que tanto me duele, lo que me está privando de vivir la vida al nivel que soy capaz de concebirla, al nivel de la dignidad, belleza y majestuosidad que me ofrece a simple vista, al nivel más puro, humilde y sublime que me muestra. Quizá arranque como un nuevo amanecer, quizá calle para siempre. Ni yo lo sé, ni quiero hacer una ceremonia del adiós como escribió Simone de Beauvoir. Sólo quiero dejar unas imágenes más, un amanecer más, un adiós de rosa y oro...
Y dar las gracias



© EVA HUARTE 2016 texto y fotos

lunes, 25 de enero de 2016

Horizonte irisado


Los lunes suelen ser días lunáticos como corresponde a su nombre, días raros, difíciles, y más cuando despierta nublado como hoy con esos rayos del Sol que parece luchar sin descanso por filtrarse entre las nubes. A mediodía he visto un fenómeno curioso en el horizonte sur, dos anchas franjas irisadas y esos rayos que indicaban Sol y lluvia en alta mar.


Es un enero movido, el cometa Catalina, la alineación de cinco planetas y ahora la primera Luna llena del año. A pesar del escepticismo de muchas personas el planeta Tierra está en el espacio y todo repercute, la Luna llena levanta las mareas, la nueva suele traer lluvias... Ahora coinciden muchas cosas y están pasando cosas, no sólo lo comprueban físicos y científicos a través de tecnologías sino que lo vemos a simple vista. Este arcoíris en dos franjas horizontales sobre el mar no lo había visto nunca, supongo que es por el mismo efecto que cualquier arcoíris, el Sol y la lluvia al mismo tiempo, en este caso en alta mar. ¿Cómo se llamará a este fenómeno meteorológico? Franjas irisadas, horizonte irisado... El efecto era bonito y deslumbrante. Una curiosidad más.



© EVA HUARTE 2016 texto y fotos

domingo, 24 de enero de 2016

Las menguas de enero y el cormorán


Hoy domingo 24 de enero de 2016 ha sido un día de plata, con nubes y nieblas que nos acompañan hace días y noches, mucha humedad y altas temperaturas para esta época que nos dejan a todos un poco apagados. La naturaleza descansa, sigue durmiendo su ciclo de invierno a pesar del ambiente cálido, la mar duerme también, se repliega en sí misma y parece que al dormir encoge, baja de nivel y se aleja de la orilla apareciendo de nuevo las rocas que hasta hace pocos días no se veían cubiertas por las aguas. Era una preciosa estampa, los rayos del Sol filtrándose entre nubes, el gran escalón de arena hasta el mar, las rocas a flote y de nuevo un cormorán contemplando el paisaje con veleros.


Son las menguas de enero, ses minves de gener, como dicen en Cadaqués y me enseñó un viejo pescador, el mar baja de nivel y se aleja de la orilla quedando como una balsa callada. Hoy estaba un poco rizada quizá por la Luna llena que ha empezado esta madrugada, pero era una bandeja de plata deslumbrante de diamantes y el precioso contraste de la roca y el cormorán, en este rincón donde tantas veces me baño con ellos sin inmutarse, como si perteneciera a su especie o no vieran mi presencia. He tenido la tentación de entrar en el mar pero he querido ser prudente por la humedad, y he ido caminando por la orilla pensando en el silencio y los encantos que tiene el mes de enero, cuando la mar duerme y despiertan los almendros.

Sí, una vez más prefiero hablar del tiempo y del paso de las estaciones, del mar, del Sol, las rocas y el cormorán, esas pequeñas cosas que nos hacen vivir y vibrar, pensando en qué pensará el cormorán, si sentirá lo mismo que siento yo mirando el mar. ¿Sabrá que son las menguas de enero? ¿Sabrá de los reflejos? ¿Sabrá de su esbelta y bella figura sobre la roca mirando el mar? Él no tiene el privilegio de contemplarse como lo contemplo yo, pero, por un momento, me habría gustado estar a su lado, en silencio, viendo lo que veía él, quizá algo más, quizá mucho más de lo que vemos los humanos. Y quizá no sabrá la belleza que me ha regalado, en este domingo callado de las menguas de enero.



© EVA HUARTE 2016 texto y fotos